lunes, 24 de octubre de 2016

El día de muertos: una invención macabra o Cómo se inventó la Catrina

El día de muertos:
 una invención macabra
Agustín Sánchez González


(Apareció en la mejor revista de historia que hay en México: Relatos e historias de México, noviembre de 2015)

Cuando uno revisa los periódicos del siglo XIX, es raro encontrar noticias que den cuenta del Día de Muertos con el sentido que tiene hoy, como la gran conmemoración que, se dice, tiene orígenes prehispánicos. Y hoy en día, en casi todas las plazas públicas del país, y también en el Zócalo de la Ciudad de México, se celebra esta fiesta.


En la prensa del siglo XIX lo que se halla son noticias sobre largas procesiones a las tumbas de los difuntos en donde se realizan una suerte de fiestas que muchas veces culminaban en borrachera, pero no se menciona que la conmemoración sea de carácter indígena, aunque era obvio, que como tantas otras fiestas tradicionales, se expersara el carácter sincrético del mestizaje cultural.
Pero es importante, no debemos olvidar que en noviembre se suceden dos conmemoraciones católicas en torno a la vida y la muerte: el día primero se recuerda a Todos los Santos y el día 2, el Día de los fieles difuntos.
Fue con los primeros gobiernos posrevolucionarios, que comenzó a conformarse una cultura y una iconografía nacionalista basada en el orgullo de las raíces indígenas, entendidas éstas como el origen nacional, y de inmediato esto se hizo visible en las fiestas del Centenario de la Consumación de la Independencia, en 1921, donde los indígenas fueron una figura central en el desfile y hasta se organizó, por primera vez, el concurso de la India Bonita, para rescatar la belleza “mexicana”, como sinónimo de indígena.
El historiador Ricardo Pérez Montfort, en su ensayo Las invenciones del México indio. Nacionalismo y cultura en México 1920-1940 muestra como el indigenismo fue ligándose cada vez con mayor fuerza a los proyectos oficiales, mientras que el hispanismo formó parte del discurso conservador.
Este nacionalismo comenzó a desplazar cualquier otra visión cultural. De tal suerte que se promovieron, de una manera institucional, todos aquellos eventos  que destacaban la visión indígena. (Por ejemplo, en 1930 Quetzálcoatl fue promovido como sustituto de los Reyes Magos, e incluso hizo regalos a los niños pobres)
De ese modo, la fiesta de muertos comienza a aislar la celebración católica y a inventaruna nueva celebración, en la que se consolidarán algunas calaveras de José Guadalupe Posada pero, principalmente, la Catrina, obra de Diego Rivera, y que por la gente adjudica a Posada, hasta la fecha. 
Y aunque la prominencia de lo indígena se impuso, hay que decir que esta conmemoración es más cercana a las danzas macabras con sus diálogos en verso y la alegoría de la muerte, personificada como un esqueleto humano que muestra a las figuras del poder para recordar que su paso es efímero por la vida. En sus Coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique describe muy bien esa visión.
El gran dibujante José Guadalupe Posada, quien se ha convertido en una figura central del imaginario del Día de los Muertos, como si fuese recuperador de la tradición prehispánica, en realidad jamás se interesó por el indigenismo histórico porque él dibujaba para asustar a los lectores con sus danzas macabras; y éstas son más cercanas a las calaveras renacentistas europeas o a los horrores que pintó en España Francisco de Goya (1746-1828) que al tzompantli mexica.
 En todo caso, la obra del mexicanísimo Posada tiene más influencia europea que prehispánica. De hecho, la primera calavera que se conoce, publicada en el periódico El Jicote, en 1871, es una calavera con guadaña, y de rasgos medievales.
Posada nació y vivió la cultura eminentemente católica, y se expresa en su visión artística, que nada tiene que ver con el indigenismo. Es más posible hallar una influencia en el libro del siglo xviii, La portentosa vida de la muerte, de Fray Joaquín Bolaños.
La otra vertiente de la fiesta de muertos, se encuentra en la presencia de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, una pieza teatral que se representaba en México desde los años 30 del siglo XIX, cuando el autor vivió en nuestro país, y que desde sus orígenes se relacionó con el día de muertos, tanto por la escena del cementerio, como de las apariciones, así como por el uso de la versificación, como sucede en días de Todos Santos. Y que por esa asociación que hicieron los espectadores, también comenzó a representarse a principios de noviembre.
El nacionalismo mexicano, gestado en los primeros decenios posteriores a la Revolución Mexicana, generó diversas formas culturales con el sello de ser tradicionales pero en cierto sentido son invenciones sociales que con el tiempo adquirieron la imaginación de ser ancestrales, y una de estas es la fiesta religiosa católica que por diversas artes se convirtió en una antigua fiesta pagana… en el siglo xx.

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