lunes, 20 de marzo de 2017

La denuncia de Tamara la guapa

Me sorprendió, como a muchos, la denuncia que hizo a un taxista una señorita de nombre Tamara, porque le dijo guapa. Llegaron a mi cabeza las canciones de Rocío Durcal (Los piropos de mi barrio), o el galanteo de un enano enamorado en la película Nazarín; o los gritos de los creyentes católicos españoles a un sinfín de sus vírgenes, en la fiesta de cada uno de ellos.

Decir guapa puede ser peligroso ahora, y eso me preocupa, no porque yo sea un zalamero, o diga piropos a diestra siniestra (creo que nunca los he dicho).

Encontré este texto en Fb, de Elena Santibáñez. Tela de Penélope, que dice lo que me hubiera gustado escribir al respecto. 

Le pedí permiso para reproducirlo acá.

Léanlo con cuidado, vale la pena, es un texto muy inteligente y, lo mejor, escrito por una mujer. 

(Perdón que me ponga serio, no quiero demandas, tengo hijos que mantener) 


https://www.facebook.com/lateladepenelope/?hc_ref=PAGES_TIMELINE&fref=nf

LA DENUNCIA DE TAMARA, LA GUAPA
En respuesta a una pregunta que hizo Homero Ontiveros en su muro
La primera vez que recibí un piropo callejero no me lo hizo un taxista sino un grupo de albañiles. Iba yo rumbo a mi trabajo y, como todos los días, pasé frente a una obra en construcción donde siempre había trabajadores. Ese día llevaba unos tacones altos y una falda bastante arriba de la rodilla. Me lanzaron un “fiu-fiu” colectivo y uno de ellos gritó: “Adiós, mamacita, qué bonitos zapatos” y todos se rieron, hasta yo. Voltee y le sonreí a los obreros de la construcción que, sinceramente, me hicieron el día. Jamás se me hubiera ocurrido acusarlos de nada, y menos de acoso, porque no hay que saber leyes sino leer un diccionario para saber que acoso es: perseguir, sin dar tregua ni reposo, a un animal o a una persona, o apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos.
Cuando empecé a leer los comentarios acerca de la denuncia de la comunicadora Tamara de Anda en contra de un taxista que le gritó “Guapa” recordé cuando todavía manejaba, y un señor muy atractivo se me emparejó en un alto, me sonrío seductoramente y, de coche a coche, me obsequió una rosa roja. El siga se puso casi enseguida, el hombre me dijo: “Adiós, guapa” y se arrancó. No me cerró el paso, no me siguió, no me hizo ninguna seña obscena y, como diría Joaquín Sabina, “se fue sin decir, llámame un día”. Ese hecho que vuelvo a recordar con la misma grata sensación de aquel entonces, tampoco hizo que la palabra “acoso” pasara por mi cabeza.
Conforme seguía leyendo las innúmeras opiniones derivadas del “Tamara Affaire” más cosas venían a mi memoria. Por ejemplo, la vez que a mi comadre la Güera, una noche que caminaba rumbo a su casa, se le apareció el exhibicionista de la colonia cerrándole el paso con el auto, acto seguido abrió la portezuela y le enseñó su pene erecto. Ella, una vez superados el susto y la sorpresa, lo encaró señalándole su miembro y le preguntó: “¿Esa chingaderita me presumes?”. El tipo se desinfló empezando por el pito, cerró de golpe la puerta y, literalmente, huyó en su auto. A ese fulano, sin duda, se le pudo demandar por acoso. Como dato adicional, vale mencionar que no hubo reincidencia.
Así como no es lo mismo decir “el Consulado General de Chile” que “el general con su chile de lado”, en mi entender es clara la diferencia entre decirle “guapa” a una mujer y cerrarle el paso para mostrarle la espada desenvainada: lo primero es un acto de reconocimiento a su persona; lo segundo, un acto de agresión. A Tamara de Anda nadie le mostró “su arma”, a ella simplemente le hicieron un piropo que, consideró, atentaba contra su dignidad como persona y procedió a una demanda.
En el mar de la opinión desenfrenada busqué una fuente primaria y hallé la narración hecha por la susodicha en un video subido a YouTube donde, amén de que cada quien al verlo saque sus conclusiones, a continuación anoto lo que yo observé (en orden de aparición):
Cuando, después de batallar para mover la orientación de la cámara, logra que su rostro se vea en la pantalla, lo primero que hace es arreglarse el pelo y lo dice. [Supongo que quiere verse guapa en su video de denuncia]. Su comentario: “…el policía me dijo que si quería escalarlo y hacerlo como delito sexual e ir al MP y yo le dije que no porque, pues tampoco, ésta es una falta administrativa que está claramente estipulada y registrada en una ley que obviamente no conozco porque soy de área cuatro…”. [Una egresada de área cuatro (Humanidades y Artes) en la carrera de Comunicación, que no sabe usar la cámara de un Smartphone; que justifica con la carrera que estudió su desconocimiento de la ley a la que se apega para denunciar la falta que cometió el taxista y, con unos huevos tremendamente azules, afirma que está “claramente estipulada y registrada” en esa ley cuyo contenido ignora].
El tono peyorativo con que imita la voz del taxista. [Esto hace pensar, al menos a mí, que hay en ella un clasismo intrínseco]. Su expresión de burla cuando éste declara que ella lo llamó “maldito acosador”. [Este hecho le hace gracia, y es paradójico porque ella se ofende cuando le dicen “guapa” y le parece fuera de lugar que el taxista le diga que lo insultó cuando en efecto lo hizo]. Su comentario: “…yo le quería hacer corrección de estilo al documento pero ya no lo hice, firmé una declaración muy mal redactada pero no importa, lo que importa es la intención”. [Su actitud es más como si hubiera protagonizando un “reality show” y no puesto una demanda. Y si lo importante es la intención pareciera que la suya fue ponerse a la cabeza del “trending topic”, lo cual evidentemente logró].
En cuanto la ley que obviamente no conoce, se trata de la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal la cual en su TÍTULO TERCERO referente a las INFRACCIONES Y SANCIONES, contempla en su CAPÍTULO I, lo siguiente:
INFRACCIONES Y SANCIONES
Artículo 23.- Son infracciones contra la dignidad de las personas;
I. Vejar o maltratar física o verbalmente a cualquier persona;
II. Permitir a menores de edad el acceso a lugares a los que expresamente les esté prohibido;
III. Propinar a una persona, en forma intencional y fuera de riña, golpes que no le causen lesión; y
IV. Lesionar a una persona siempre y cuando las lesiones que se causen de acuerdo al dictamen médico tarden en sanar menos de quince días. En caso de que las lesiones tarden en sanar más de quince días el juez dejará a salvo los derechos del afectado para que éste los ejercite por la vía que estime procedente.
En mi opinión, lo más cercano a lo que hizo el taxista se inscribe en el punto I, y digo cercano porque, me parece, sería tema de discusión si decirle “Guapa” a una mujer debe considerarse una vejación, entendiendo que vejar significa maltratar, molestar, perseguir a alguien, perjudicarle o hacerle padecer. Y esto, depende más de la percepción de quien recibe el piropo, en este caso Tamara, que de la intención de quien lo hace, es decir, el taxista.
La percepción de un hecho está estrechamente vinculada a la ideología que se tiene. A este respecto platicaba con mi amigo Antonio Ledesma, quien me contó una escena de la que recientemente fue testigo en un microbús: suben al transporte dos mujeres jóvenes con una plática ya iniciada que interrumpen momentáneamente en lo que se acomodan, y al reanudarla una le dice a la otra: “Como te estaba diciendo, un hombre es opresor nomás por el hecho de ser hombre, y espero que eso te quedé claro.” Su expresión corporal, su tono y su mirada al decirlo eran intimidatorios, como si le mostrara “de bulto” de qué se trata el que alguien te oprima. Esta postura defensiva creciente entre el género femenino frente al masculino es la que, a mi juicio, hace que muchas mujeres vean moros con tranchete a cada paso.
Una de mis tías, hermana menor de mi mamá, enfermera de profesión hoy ya retirada, hace años solía llevar consigo una aguja para jeringa la cual, decía, “es para clavársela a quien me quiera hacer algo”. No sé si alguna vez lo hizo pero siempre estuvo dispuesta a hacerlo. Ella traía su objeto de defensa personal —pensando más en un asalto que en que le agarraran la nalga— para, de ser necesario, responder a la agresión de hombre, mujer o lo que resulte, porque mi tía sabía que la maldad existe pero no asumía que sólo en la boca, la mente o las manos de los hoy tan vilipendiados hombres.
Actualmente pareciera que una condición fundamental para asumir una postura feminista y/o de defensa del género es la descalificación a priori de los varones, como lo dijo la chica del micro, “nomás por el hecho de ser hombres”. Si esta postura descalificadora y sexista (porque el sexismo también existe pa’l otro lado) prosperara, no es difícil imaginar un futuro donde un logro feminista —como alguna vez fue acceder al voto, a la universidad y al trabajo profesional— sea que en cuanto nazca un hombre se le haga una ablación genital para extirparle la condición opresora con la que inevitablemente nace. Ojalá logremos que algo cambie antes de que el destino nos alcance.


martes, 28 de febrero de 2017

Vibraciones del Caletre o unas canijas visiones acerca de los Burrón


¡Y Cómo pasa el tiempo: hace casi 18 años escribí este texto para Don Gabriel Vargas y lo publiqué en La Jornada Semanal, con mi estimado Hugo Gutiérrez Vega!



La Jornada Semanal,   domingo 5 de octubre  del 2003        núm. 448
Agustín Sánchez GonzálezVibraciones del caletre
o unas canijas visiones acerca de los Burrón


El 18 de septiembre, el Seminario de Cultura Mexicana rindió un homenaje nacional a Gabriel Vargas, el fabuloso monero autor de una de las más profundas comedias humanas de nuestra ciudad capital y, en particular, de su compleja sociedad vecindaria. Sus compañeros moneros comentan y celebran su obra y Agustín Sánchez entra con paso firme en la canija historia del autor y sus personajes. Pensemos en el cábula don Jilemón Metralla y Bomba y en los cientos de personajes que giran en torno a La Familia Burrón. Todos ellos nacen de nuestra realidad sociopolítica, pero la trascienden gracias a su calidad artística. Borola Tacuche de Burrón camina picarescamente por las calles de esta ciudad que tiene chorrocientos problemas. Es un personaje de la vida real y un puro ente de ficción. 
 



Por el año del chorrocientos, en el antiguo Callejón del Sapo, hoy del Cuajo, número sepetecientos, vivía una canija familia que, durante el siglo pasado y lo que va de éste, ha sido motivo de chorromil descuajiringes.
Gracias a sus aventuras, los astronautas pudieron ser felices en el espacio y los presidiarios decidieron no escaparse del bote.
La familia está compuesta por el papá zotaco, don Regino Burrón, y su esposa, la aristócrata venida a menos, Borola Tacuche de Burrón, así como sus dos tlaconetes: el Tejocote, Regino chico, Macuca y Foforito Cantarranas, hijo adoptivo, a quien recibieron de manos de don Susano Cantarranas.
Donde dice chorrocientos debe decir ’55, pues fue en 1948 cuando surgió este fenómeno que apareció, originalmente, dentro de la serie editada por la Editorial Panamericana, cuyo dueño era el coronel José García Valseca.
Cuando le preguntaron a Gabriel Vargas cuántos números aparecieron, dijo: "¡Uyyyy! Han de haber salido miles. Ya ni me acuerdo. ¿Se imagina en cuarenta años lo que hice? Durante dieciocho años trabajé una página diaria en El Sol de México: media página en el matutino y media en el vespertino. Después, en Excélsior, durante doce o trece años hice Sopa de perico y una bola de cosas que ya ni me acuerdo. Además, cientos de historietas pequeñas..."
Tras el fin de la Cadena García Valseca, Gabriel Vargas decidió marchar por su propia ruta y fundó, con su esposa, la reportera Guadalupe Apendini, su propio sello editorial GyG. Así, hace veinticinco años, el 15 de septiembre de 1978, apareció el ejemplar núm. 1 de la segunda época: Borola para diputado. En estos días, octubre de 2003, aparecerá el número 1306.
Los monigotes de Gabriel Vargas, como él los llama, se han convertido en uno de los iconos culturales mexicanos; es una manifestación artística que permite infinidad de lecturas.
DE LA PELUQUERÍA “ELRIZO DE ORO”,
A LA ESTÉTICA NACIONAL

Una de las pocas cosas buenas que dejó el movimiento armado de 1910 fue la consolidación del movimiento nacionalista, una revolución cultural que expresó la gran riqueza del arte mexicano. Pintura, música, escultura, caricatura, cine, radio, todo se tornó en un crisol rico en matices.
A querer o no, durante las tres primeras décadas del siglo xx nuestros grandes artistas se enfocaron a inventar nuestro país. Es durante la llamada institucionalización de la Revolución cuando logra consolidarse y expresarse en diversos ámbitos de la vida artística y cultural. Prácticamente, el nacionalismo nos dibujó, generando una serie de estereotipos donde los cómics y la caricatura jugaron un papel importante.
Diversos moneros, como Andrés Audiffred, Jesús Acosta (autor de El Chupamirto), Juan Arthenack, Islas Allende o Hugo Tilghmann, entre otros, al lado de autores de cómic, como Germán Butze, Valdiosero o Guerrero Edwards (la lista, entre ambos géneros, es muy vasta) expresaron la idea del nacionalismo en boga, retratando nuestra vida cotidiana, con personajes que representaban el estereotipo de lo mexicano: los charritos, los vaguitos, las marías, los empistolados, los comerciantes, los nuevos ciudadanos de la ciudad, las "changuitas" de barrio y los catrines de banqueta.
En un país analfabeto, cuya información se nutría, y se nutre, de imágenes, como sucedía con las famosas Hojas Volantes de José Guadalupe Posada o la gráfica comercial de Juan Bautista Urrutia en los cigarros del Buen Tono, sumado a la literatura romántica y la versificación popular, que se expresaba en las bombas yucatecas o en las calaveras de día de muertos, estos moneros se encargaron de conformar, culturalmente, las imágenes de lo mexicano.
En este contexto es en el que crece, se forma y desarrolla Gabriel Vargas, nacido el 24 de marzo de 1918. A los trece años, cuando comienza el periodo de la revolución institucionalizada, comienza a trabajar prácticamente sin detenerse nunca.
Su trabajo se inscribe en la crítica social, en la observación de la vida cotidiana, en el retrato de los mexicanos. Gabriel Vargas es un heredero de José Joaquín Fernández de Lizardi, el llamado "Pensador Mexicano", así como de los escritores costumbristas del XIX, como Ángel de Campo; de autores como Luis G. Inclán y, por supuesto de los grandes artistas de la imagen, como José Guadalupe Posada, Andrés Audiffred o Guerrero Edwards, por señalar algunos.
En la comedia humana que reproduce don Gabriel está inmersa la tragicomedia mexicana, se encuentra la estética de lo cotidiano, la perfecta reproducción de un microcosmos, a través de la vida de la vecindad de quinto patio que hoy se ha convertido en el condominio de quinto piso, un espacio desde donde se irradia al resto de la ciudad, del país.
Además de la risa, del humor, del sarcasmo, debemos al trabajo de Vargas el conocimiento de un país que ha ido cambiando poco a poquito, aunque al final de los cambios se mantiene igual, tal como su historieta que ha transitado varias décadas y sus personajes no salen de "perico perro".
INCLÁN CANTARÍN
A LOS QUERUBINES BURRONES

Luis Gonzaga Inclán publicó en 1865 la novela AstuciaLos charros contrabandistas de la rama o los hermanos de la hoja, una excepcional obra de la que señaló Mariano Azuela, uno de nuestros grandes novelistas: "es un novelón de las dimensiones que se estilaban en España en el siglo xix, pero un novelón con algo tan medularmente nuestro, que me atrevo a asegurar que desde ese punto de vista no ha sido superado hasta nuestros días". Otro excepcional escritor, Salvador Novo, calificó a Inclán como el mayor novelista y a Astucia como el arquetipo ideal de lo mexicano.
Aunque el ámbito y los escenarios de la novela están más cercanos al campo, el recoger las expresiones del habla popular, del habla de lo mexicano, Astucia copia y reproduce lo nuestro sin tomar modelos ni ejemplos, influjos ni pautas, donde se conserva íntegro el hablar de los mexicanos. Es en este mismo sentido que La Familia Burrón recobra el lenguaje mexicano.
La frase "Yo te cantarines con quién querubines casa, esa tepistoca", pertenece a Astucia, pero bien la podría decir cualquiera de los personajes de Gabriel Vargas.
Leamos otras frases de Astucia:
"Ya está, Ana hueche, no se enoje, no me vaya a echar una rata muerta."
"No vaya a decir este señor que soy mariquita con calzones."
"Vayan a la casa de Chirimoyo, en el Callejón de las Amescuas, y verán una chaparrita de pelo crespo."
Compárense con estas:
"Pobre hombre, se le cansó la burra, qué güeno que yo soy de ésos que aunque tomen a lo desesperao, no se doblan y mucho menos, azotan." (Susano Cantarranas)
"Se necesitaban hombres con fortaleza de Sansón, ligereza de liebre y de pensamiento rápido." (Regino Burrrón)
"Regresaba como chile deshebrado." (Borola)
AY, MACUCA, PARECES UN QUERUBÍN
(O AY, ESPERGENCIA POR DIOS)

Junto a mis libros y cómics de La Familia Burrón, se encuentran los libros de Chava Flores. No es gratuito: ambos son excelentes cronistas de la vida cotidiana de nuestra ciudad y de nuestro país; tan es así, que la portada y la contraportada del Cancionero, de Chava Flores, publicado en 1998, fueron realizadas por don Gabriel Vargas.
Durante una entrevista con Cristina Pacheco, realizada en 1982, a la pregunta: "¿Considera a sus canciones como retratos o caricaturas?", Chava Flores contestó: "Más bien caricaturas. Siento que Gabriel Vargas y yo andamos, como quien dice, por la misma banqueta."
Prácticamente contemporáneos, Chava Flores nació el 14 de enero de 1920, mientras que Gabriel Vargas llegó a este mundo dos años antes, tuvieron una vida paralela, anduvieron cacheteando por las mismas banquetas, por la misma ciudad en donde, con gran facilidad, los personajes se podrían confundir pues son los mismos, son los pares que pululan la urbe, las calle, autobuses, el metro, y que la padecen y disfrutan.
Cuando uno escucha "La casa de la Lupe", resulta fácil imaginar la vecindad del Callejón del Cuajo; o, tal vez, al escuchar "Plagiando versos" ("cuando yo te quería, cuántos versos me plagié, te dije que era poeta y pa’ tí los dediqué"), uno recuerda al bardo Avelino Pilongano, mi personaje favorito, y una de sus grandes creaciones, a la altura de cualquiera de los jóvenes creadores del FONCA:
"Esta noche como rana, voy a cantarle a tu hermana",
O la clásica cuarteta, rescatada para la eternidad por Monsiváis:
Llegó altanero zopilote
y díjole con sornita
convídame de tu elote,
o te quiebro una patita.
Canciones de Chava Flores, como "Los quince años de Espergencia", evocan la edad eterna de Macuca, la joven hija del matrimonio que nunca ha dejado de ser la misma chica seria, estudiosa y educada, chaperona y censora, a veces cómplice, de las locuras de su madre.LAS GENEALOGÍAS
Si nuestro país no hubiera existido, a través de la Familia Burrón don Gabriel Vargas lo habría creado. Con ochenta y cinco años a cuestas, don Gabriel ha creado un grandioso universo, una comedia humana, una de las grandes crónicas en donde se expresa y se refleja la vida cotidiana de nuestro país. Aquellos que han menospreciado la historieta jamás podrán entender el significado cultural y artístico que tiene la obra de don Gabriel.
Así como se ha buscado la genealogía de obras literarias de indudable calidad, como el caso de Cien años de soledad, habrá que buscar y plantear los personajes elaborados en La Familia Burrón durante cincuenta y cinco años, más de medio siglo que han hecho reír y llorar a una sociedad ávida de verse retratada sin desdén, sin autoflagelo, aunque, eso sí, burlándose de sí misma.
Hace unos días, toda la prensa publicó un texto de Gabriel García Márquez donde relataba su feliz encuentro literario con Juan Rulfo.*El Gabo escribió: "por subjetivo que se crea, todo un nombre se parece en algún modo a quien lo lleva y eso es mucho más notable en la ficción que en la vida real [...] lo único que se puede decir a ciencia cierta es que no hay nombres propios más propios que los de la gente de sus libros".
Los nombres de los personajes de Vargas, como los de Rulfo o del mismo García Márquez, tienen magia: Ruperto Tacuche, Cristeta Tacuche, Boba Licona, Bella Bellota, Susano Cantarranas, La divina Chuy, Briagoberto Memelas, Juanón Teporochas, Avelino Pilongano, Gamucita Pericocha viuda de Pilongano, etcétera, sin contar todos aquellos personajes incidentales que aparecen en cada número: Melba Vinagrillo, Leontino Pantoja, Dodó Cucuruché, Imeldo Cascajo, Onofre Cabañas, Melitón Chagoya, Walter Chavira, Narda Felipa, Betina Berrones, Viviano Torrija, Gladys Petra, Isidro Cotorón, Sinfónico Fonseca.
Se han señalado alrededor de sesenta personajes de la historieta, donde destaca la familia protagonista: la familia Burrón, cuyo éxito ha sido tal, que alguna vez alcanzó un tiraje de 500 mil ejemplares semanales, lo que significa la lectura de unos dos millones de personas. La calidad estética está fuera de toda duda.
La "Oda a Borola Tacuche de Burrón (escrita en versículos chipocludos y dedicada a la Barda Chachis Pachis Palomeque)", por Hugo Gutiérrez Vega, y dos excelentes ensayos, uno de Sergio Pitol, "Borola contra el mundo" y otro de Carlos Monsiváis, "Sobre los ochenta años de Gabriel Vargas", son apenas un pequeño homenaje, a pesar de la gran calidad de este genial trío, a un gigante de nuestra cultura, a uno de nuestros grandes creadores a cuya obra el Instituto Nacional de Bellas Artes o la Secretaría de Cultura del gdf, le deben un reconocimiento.
* Que muy pronto se descubrió que era un fusil del mismo García Márquez, publicado el 27 de septiembre de 1980, en la revista Proceso.

sábado, 25 de febrero de 2017

100 años de caricatura y fotografía



2017-02-25  
16:37:53   CULTURA



Presentan en Minería libros sobre 100 años de
caricatura y fotografía
México, 25 Feb (Notimex).- La libertad de expresión 
es una conquista irrenunciable y que en estos momentos,
más que nunca, no se agradece, sino que se ejerce,
 aseguró Juan Francisco Ealy Ortiz, presidente ejecutivo
 y del Consejo de Administración del periódico 
“El Universal”, al presentar dos libros que reseñan 
100 años de la labor de caricaturistas y fotógrafos al
 interior de ese diario.



Como parte de las actividades de la 38 Feria Internacional
 del Libro en el Palacio de Minería, se presentaron
 los ejemplares “100 años de caricatura en El Universal” 
y “100 años de caricatura en El Universal”, en un acto
 al que asistieron la secretaría de Cultura federal, María
 Cristina García Cepeda, y el doctor Juan Ramón
 de la Fuente.




De acuerdo con el escritor e historiador mexicano
 Agustín Sánchez González, amplio conocedor del 
tema, “la caricatura es un espejo que muestra 
de manera diferente, aunque de forma semejante, 
la realidad de un país; se construye con imágenes,
 una obsesión del ser humano para encontrarse consigo 
mismo, para construirse y para erigir un universo”.

















El especialista subrayó que es “el espacio en donde 
el ser humano mora y al que trata de comprender”, y 
añadió que aunque el dibujo satírico siempre ha existido,
 el nacimiento de la caricatura se ubica en el siglo XIX
 y se vincula con el nacimiento y desarrollo de la
 prensa. Periodismo y caricatura van de la mano” eso
 es lo que refleja esta obra editorial.



“100 años de caricatura en El Universal”, coeditado por
 la Dirección General de Publicaciones (DGP) de la 
Secretaría de Cultura y El Gran Diario de México, 
documenta una parte nodal de la historia de la caricatura
 en México.


“Por las páginas de este diario transitaron, y transitan,
 los creadores más representativos de la caricatura 
universal. En los 100 años de este periódico han desfilado 
casi todos los caricaturistas mexicanos del siglo XX”, 
mencionó Sánchez González.
3 de los 4 autores: agustín Sánchez González, Brenda Ledezma y Arturo Avila



Destacó que en las páginas de este libro está presente
el trabajo de la mayoría de esos artistas que trazaron
 nuestra historia y retrataron este país. “Las páginas
 de El Universal han mostrado con grandeza estética
 la obra crítica de artistas como Andrés Audiffred, 
Helioflores o Rogelio Naranjo, por mencionar 
a algunos creadores”.



Ellos han plasmado el diario acontecer nacional
con arte y humor. Conocer 100 años de esta historia,
a través del humor gráfico, nos permite entender lo que 
somos, pues el humor es algo muy serio, finiquitó
el historiador mexicano, uno de los más
importantes conocedores del devenir histórico de la 
Ciudad de México.





En el mismo acto se presentó al público “100 años de
fotografía en El Universal”, libro hermano del ya
mencionado.
NTX/JCC/NMN/AUTOR16

viernes, 24 de febrero de 2017

Los humoristas gráficos y el exilio en México,



Humor español en el imperio mexicano del 'albur'

El Ateneo de Ciudad de México inaugura una exposición sobre el trabajo de los viñetistas republicanos exiliados que llegaron al país en la década de los cuarenta






Cuando el barco de los exiliados españoles llegó al puerto de Veracruz, una de las pancartas de bienvenida decía: El sindicato de tortilleras está con la República. “Claro, los españoles al ver eso debieron pensar “qué avanzados son aquí que hasta las lesbianas están sindicalizadas”, recordaba este jueves el historiador Agustín Sánchez González en una de las salas del Ateneo Español de Ciudad de México. A ese terreno movedizo del lenguaje se tuvieron que aclimatar los miles de republicanos que llegaron en los años cuarenta. Algunos incluso convirtieron ese juego polisémico en la materia prima de su oficio. La exposición Los humoristas gráficos y el exilio en México, organizada por la institución cultural española, recoge el trabajo de algunos de los mejores viñetistas expulsados por el golpe militar de Franco y que colaboraron de manera importante en el auge de la caricatura mexicana.




Obra de Ángel Rueda


“Es muy difícil trasladar el humor de un país a otro. Los códigos y las referencias culturales son muy distintas, y más en México que somos maestros del albur”, explicó la directora del Ateneo, Carmen Tagüeña. Albur es la palabra coloquial para definir precisamente el desdoblamiento de significados que suelen tener las palabras y del que nace ese ingenioso y proverbial humor de la cultura mexicana.
Ángel Rueda, que había llegado en el Ipanema con apenas 14 años, supo metabolizarlo. En una viñeta de 1983 uno de sus personajes le dice a otro, dibujado con cuerpo humano pero con cabeza picassiana como recién sacada del Guernica: “¡También yo admiro a Picasso pero tú, te mandas!”.
No todos los viñetistas españoles lograron digerir tan fácilmente el nuevo entorno cultural y político. “Hay que entender que muchos llegaron agradecidos por la generosa acogida y fascinados por el discurso de la Revolución. Pero al poco tiempo se dieron cuenta que no era cierto, que no había libertad de prensa, ni elecciones libres, ni pluralidad de partidos. El control sobre los caricaturistas fue muy fuerte durante décadas. La figura presidencial, por ejemplo, fue intocable hasta los setenta”, subraya Sánchez, comisario de la exposición y autor de un libro del mismo título promovido por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y la UNAM.







A Francisco Rivero Gil, un delineante cántabro que llegó a colaborar en diarios españoles republicanos como el Sol o Libertad, también le empujaron fuera de los periódicos mexicanos. “Mi padre venía de hacer humor político y nunca soportó que le cambiaran los pies de sus dibujos. Entendía que era un tipo de censura y se quejaba mucho. Hasta que la dirección del Excélsior decidió despedirle”, relató durante el acto de inauguración su hijo Rivera García. Era mediados de los 40 y su familia venía de sobrevivir a la odisea de los campos de concentración franceses o la República Dominicana del dictador Trujillo. “Rivero Gil tenía un gran talento y siguió trabajando en medios de comunicación hasta su muerte en 1972”, apuntó el comisario de la exposición.
Además de prensa escrita, los dibujantes republicanos encontraron su sitio en la televisión, en el diseño de carteles para el cine mexicano –que por entonces atravesaba su llamada época de oro– o en el teatro. “Nombres como el catalán Tísner fueron claves en el desarrollo de la escenografía de los noticieros mexicanos”, añadió Sánchez.
Entre la selección de artistas, aparece también Sergio Aragonés, uno de los humoristas gráficos actuales de más prestigio. Estudió arquitectura en la UNAM, teatro con Jodorowsky, participó en algunas de las publicaciones de humor blanco más famosas de México y desde los sesenta vive en California, trabaja para la icónica revista Mad y hasta ha sido uno de los dibujantes que ha perfilado a Lisa Simpson.

jueves, 23 de febrero de 2017

CANONICEMOS A LAS PUTAS, de Jaime Sabines


     







Santoral del sábado: Betty, Lola, Margot, vírgenes perpetuas, reconstruidas, mártires provisorias llenas de gracia, manantiales de generosidad.

     Das al placer, oh puta redentora del mundo, y nada pides a cambio sino unas monedas miserables. No exiges ser amada, respetada, atendida, ni imitas a las esposas con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos. No obligas a nadie a la despedida ni a la reconciliación; no chupas la sangre ni el tiempo; eres limpia de culpa; recibes en tu seno a los pecadores, escuchas las palabras y los sueños, sonríes y besas. Eres paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor.

     No engañas a nadie, eres honesta, íntegra, perfecta; anticipas tu precio, te enseñas; no discriminas a los viejos, a los criminales, a los tontos, a los de otro color; soportas las agresiones del orgullo, las asechanzas de los enfermos; alivias a los impotentes, estimulas a los tímidos, complaces a los hartos, encuentras la fórmula de los desencantados. Eres la confidente del borracho, el refugio del perseguido, el lecho del que no tiene reposo.



     Has educado tu boca y tus manos, tus músculos y tu piel, tus vísceras y tu alma. Sabes vestir y desvestirte, acostarte, moverte. Eres precisa en el ritmo, exacta en el gemido, dócil a las maneras del amor.

     Eres la libertad y el equilibrio; no sujetas ni detienes a nadie; no sometes a los recuerdos ni a la espera. Eres pura presencia, fluidez, perpetuidad.

     En el lugar en que oficias a la verdad y a la belleza de la vida, ya sea el burdel elegante, la casa discreta o el camastro de la pobreza, eres lo mismo que una lámpara y un vaso de agua y un pan.

     ¡Oh puta amiga, amante, amada, recodo de este día de siempre, te reconozco, te canonizo a un lado de los hipócritas y de los perversos, te doy todo mi dinero, te corono con hojas de yerba y me dispongo a aprender de ti todo el tiempo!